Ante la ola de comentarios favorables y desfavorables que han surgido en Facebook y en este espacio sobre la actual administración de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC) de la UNAM, me acerque al Museo Universum, aprovechando mi cercanía con algunos de sus trabajadores para tener de primera mano una versión de los hechos.
Me permito compartir con ustedes, después de las entrevistas, mi preocupación sobre este asunto, esperando en el futuro próximo se encuentre una solución benéfica para la comunidad de la DGDC.
Analizando:
En todas las instituciones existe un Poder Formal, en muchas de ellas, también existe un Poder Real, el poder de las sombras, el poder detrás del trono, el verdadero poder. La historia de la humanidad nos habla de muchos ejemplos del poder real que han sido beneficiosos, sin embargo el poder real mal aplicado nos habla de manipular la realidad con la distorsión de la verdad y la justicia al servicio de intereses particulares. Lamentablemente esto último es la situación por la que atraviesa la DGDC y sus miembros a manos de la Arq. Lourdes Guevara, Coordinadora de Museos de la misma Dependencia.
La pregunta que se presenta es ¿cómo el Dr. René Drucker Colín con su experiencia como funcionario, se ha dejado embaucar por su colaboradora sin sospechar el fuego amigo en su contra?
La Arq. Guevara, durante esta administración, ha cometido agravios hacia el personal y creado conflictos importantes con otros coordinadores, con la Unidad Administrativa, con personal de base y de confianza, con académicos y con estudiantes anfitriones, además de amigos y colaboradores externos a la Dependencia, obviamente, trascendiendo en problemas y pésimos calificativos para la Dirección.
Se ampara la Arq. Guevara para cometer sus atropellos y proferir amenazas al personal en la versión de que todas sus decisiones están avaladas por el Director. Utiliza el viejo y trillado argumento de descalificar a otros para calificar a su persona y como comentario diré que según colaboradores y amigos de la arquitecta, ella se jacta de manejar al Director (El Poder Real).
El panorama descrito nos dice que la Arq. Lourdes Guevara es la responsable del nivel de descomposición que priva en la Dependencia e intrigado por su personalidad consulté con quien sí sabe sobre conducta humana, cito:
“Manifiesta –la arquitecta- una conducta paranoica, viéndose aparentemente normal, es en realidad sospechosa, desconfiada, hostil, controladora y propensa a desarrollar resentimientos y celos”
Ahí se los dejo para que reflexionen.
No es el caso aburrirles con las muchas irregularidades cometidas por la mencionada arquitecta, los universitarios y las propias autoridades ya conocen el tema, pero si es interesante una última consideración.
Para dar mi opinión sobre la gestión del Dr. Druker al frente de la DGDC debo conocer todos los detalles, pero lo que si es indudable para propios y extraños es que su peor error ha sido el exceso de confianza y la complacencia hacia Lourdes Guevara, lo que nos lleva a una pregunta final ¿Vale la pena Dr. Druker, deteriorar, aún más su ya desprestigiada imagen pública y la falta de respeto de su comunidad, por conservar a la Arq. Guevara como su mano derecha?
Leonardo Díaz Infante
El blog en defensa de la DGDC-UNAM contra la mala administración de René Drucker. Difundiendo información fidedigna.
sábado, 14 de mayo de 2011
René Drucker y el fuego amigo de Lourdes Guevara
martes, 15 de marzo de 2011
¿"Institucionalidad"?
El único funcionario que se ha dignado atender nuestro llamado de auxilio nos dijo: 1) que lo que nosotros consideramos la ignorancia, la negligencia y la patanería gangsteril de Drucker es sólo “una forma de mandar” y 2) que fuéramos “institucionales” y no ventiláramos el problema en las redes sociales. Traducción: la ropa sucia se lava en casa y mejor calladitos.
Pero, ¿qué institucionalidad es ésa, que exige que en su nombre renunciemos a hacer valer nuestros derechos? ¿No son las instituciones, precisamente, para garantizar los derechos de los ciudadanos? ¿Le hace daño a la institución quien denuncia una situación indigna de ella?
No: el daño a la institución —la mala fama que se está ganando Universum entre el público que tiene que esperar cinco horas para comprar boletos porque sólo hay una persona en la taquilla, o por ver elevados los precios y suspendidas las cortesías y rebajas a personas de la tercera edad; la lamentable imagen de México y sus instituciones universitarias que se llevaron los creadores de Body Worlds por las pataletas y caprichos narcicistas de Drucker; el peligro en que se pone a los trabajadores y público de Universum por mover equipos pesados con público en el museo y sin indicaciones de seguridad suficientes— el daño a la institución lo están haciendo Drucker y la directora de facto Lourdes Guevara, en quien Drucker ha delegado funciones y decisiones que le competen sólo al director y quien ni tarda ni perezosa se las ha apropiado y ha tomado otras, sin el conocimiento del director nominal. Ya hasta opina sobre quién debe recibir PRIDE y quién no.
Como se sabe, recurrimos a la Defensoría de los Derechos de los Universitarios. La defensoría respondió a nuestro reclamo no con una investigación, sino preguntándole a Drucker, quien, por supuesto, contestó que todo eran “infundios” y “calumnias”. La defensoría se dio por satisfecha (¿ése es el procedimiento normal: preguntarle al acusado si es culpable?), pero nosotros no. Precisamente en aras de la institucionalidad insistimos en solicitar que la UNAM investigue y no se conforme con pedirle su opinión a Drucker. ¿Qué esperaban que les dijera?
Nuestra protesta se va haciendo más grande. Ya un grupo de becarios de Universum redactó una carta dirigida a Drucker en la que solicitan, entre otras cosas, que por favor los dejen tomar agua “sin tenernos que esconder” (¡!) mientras desempeñan sus funciones y que se tenga la amabilidad de avisarles por escrito cuando los vayan a dar de baja o cuando se cambien las reglas del museo (o sea, estos becarios piden a gritos INSTITUCIONALIDAD). También preguntan por qué se suspendió la tradicional fiesta de fin de año de becarios y por qué se les quitó el derecho a entradas de cortesía al museo cada seis meses. Finalmente, denuncian la incongruencia de que hacen gala las autoridades cuando les exigen que traten al público con educación y respeto mientras a ellos esas “autoridades” (léase: la directora de facto Guevara) los tratan con desprecio y patanería.
Para terminar, me he enterado de que no fue un gato, sino tres, los que Guevara mandó matar, y eso que algunos becarios habían ofrecido llevárselos a su casa. Sobran los comentarios.